viernes, 1 de junio de 2012


“MUJERES PERIODISTAS: DOBLE PELIGRO”


Recuerdo una frase que decía así: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Se trata de una reflexión hecha por Kapuscinski. Razón no le faltaba, y si observamos, no hablaba de géneros, sino de personas.

Cuando aplicamos esto al ámbito de la corresponsalía, es una tesis que queda demostrada. Sólo el hecho de desplazarte de desde un entorno seguro hacia otro hostil, dejando a lo lejos la familia y la supuesta seguridad de los países desarrollados del mundo occidental es un acto de valentía, empatía y si se me permite decir, solidaridad. Es la categoría periodística más difícil cuando se trata de cubrir situaciones de guerras, tragedias en países. Pues si se trata de mujeres periodistas y corresponsales, su riesgo se multiplica exponencialmente, debido a su tratamiento aún desigual con respecto del hombre en todo el mundo. Sucede que en estos países no desarrollados o en vías, y en todos los que se sitúan en franjas de conflictos, se da la casualidad de que las mujeres no cuentan con muchos derechos y las corresponsales se ven arrastradas por la dura situación de esas mujeres. A los riesgos que asumen como informadoras se les añade el riesgo por ser mujer. Esto lo demuestran hechos como los sucedidos este mismo año, en febrero, en Egipto. Una periodista del canal CBS, Lara Logan, fue agredida sexualmente en la plaza Tarhir el pasado 11 de febrero, después de que se anunciase que Mubarak abandonaba el poder. Entre la multitud, Logan se quedó sola, separada de su equipo. La rodearon y fue víctima de una larga y brutal agresión sexual y paliza, hasta que un grupo de mujeres y unos 20 soldados egipcios la salvaron, según un comunicado de la propia CBS. Como este caso se cuentan muchísimos otros que atentan contra dignidad de las mujeres periodistas en todo el mundo. Después de este trágico suceso, Laure Wolfe, la directora del Comité de Protección al Periodista ha entrevistado a mujeres periodistas de África, Oriente Medio, Pakistán y Afganistán. Son mujeres que muchas veces son violadas como venganza por su labor informativa. El Comité ha sido criticado por no recopilar datos sobre los periodistas que han sido víctimas de agresiones sexuales, peor la razón estriba en que muchas veces los propios periodistas no lo denuncian. Mi pregunta es: ¿por qué? Quizá lo que decía Kapuscinski de ser buena persona sea llevado a tal extremo en el que se sobreponga la denuncia social y el conocimiento de la verdad a los intereses propios, aunque sean tan delicados y atenten contra la propia seguridad. Y es que, a menudo, los buenos periodistas, que saben que el comunicador no debe ser el que acapare la atención de la noticia, se toman tan a conciencia este principio que callan su peligro, su miedo, para guardar energías para denunciar injusticias que soportan otras muchas personas.

Por otra parte no hace falta irse tan lejos. Los abusos sexuales hacia mujeres periodistas no se dan exclusivamente en situaciones límite en países con carencias democráticas. En los países más occidentales y con derechos reconocidos las mujeres periodistas siguen siendo objetos de vejaciones y abusos. Si no, recordemos una noticia que se producía justo un año de los sucesos de Lara Logan. Ocurría aquí, en España. Vicente Sanz, jefe de personal de RTVV para el canal 9 se vio obligado a dimitir de su puesto tras hacerse pública la denuncia contra él por supuestos abusos sexuales de tres mujeres periodistas de dicho canal. Este señor les exigía favores sexuales a cambio de mantener su puesto de trabajo. Si este hecho tan atroz sucede en un país de régimen democrático, un estado de derecho, un país libre, es impensable lo que pueden sufrir estas mujeres en un ámbito de corresponsal en países donde la mujer vale poco más que un kilo de estiércol. Me vienen a la cabeza las palabras de la corresponsal Kate Adie, corresponsal jefa de la BBC después de haber cubierto conflictos como la Guerra del Golfo: Las mujeres informan sobre los conflictos de forma distinta a los de los hombres (…), les suelen interesar cuestiones de alcance más general como la manera en que la sociedad se enfrenta a los conflictos” añadió y matizó que mientras los hombres pueden permitirse el lujo de caminar, “tú tienes que correr”. Esto declara el ascenso evolutivo de la mujer en el mundo del periodismo, sus aportaciones en inteligencia emocional y su discriminación inherente a su condición de género.

El periodismo, que fue una profesión dominada por hombres, viene siendo un trabajo mayoritariamente femenino desde hace algunas décadas. Ni mucho menos son las únicas profesionales difamadas por los hombres, pero, aunque paradójico, tiene una lógica atroz, abyecta, el abusar de las mujeres que tienen poder y dedicación para la denuncia de las injusticias. Las mujeres periodistas se suelen asociar con mujeres valientes, intrépidas, independientes, leales y responsables. Algunos desalmados creerán necesario, y lo que es peor, lícito, el dejarles claro quién manda. De ahí el trato desigual y su máximo exponente convertido en abuso sexual.

Volviendo a las palabras del comienzo, hasta que no empecemos a hablar de personas y no de hombres y mujeres, seguirá habiendo muchas guerras que cubrir y muchas mujeres periodistas violadas. Su sacrificio y exposición en pos de la verdad no merece ninguna gota de sangre ni lágrima derramada, sino más bien todo lo contrario

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