domingo, 26 de febrero de 2017

Ruinas

Imagen Google

Anduve el otro día entre las ruinas de mi vida
y encontré un cementerio.
Un palacio derruido, 
comido por la hiedra y la hojarasca negra.

Anduve entre los recuerdos que habitaban 
aquel lugar de dolor y pena.
Donde encontré a mi fracaso charlando con mi melancolía,
contándose mis miserias.

Riéndose de mi.

Entré en ese cementerio,
donde encontré nombres, fechas, hechos.
Todo lo que ha pasado en y por mi existencia,
con más o menos importancia,
con más o menos acierto,
con más o menos cariño.

Y me encontré a mi misma.

Llena de nostalgia y de pasado,
sentada en una piedra de mi palacio en ruinas.

Me vi entera.
Entera entre piedras caídas, cristales rotos y lodo negro.

Vi belleza.
Belleza en la decadencia,
lo roto,
lo feo,
en el dolor y el sufrimiento de mi rostro.

Escuché el silencio, acallado por cuervos
que gemían y salían huyendo.

La soledad era fría,
un viento helado en la cara
que se metía en el corazón y los huesos.

Me levanté de mi piedra 
y empece a caminar para salir de allí.

Me despedí de los recuerdos,
de la gente,
de las ruinas...

Dejé el fracaso, la melancolía,
el dolor y el sufrimiento.
Y salí del aquel ensueño en ruinas
hacia un nuevo comienzo.

Una nueva construcción. 

Una nueva vida.

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