martes, 25 de julio de 2017

Carta sin remite



Te escribo sin esperanza de que lo leas,
solo con el consuelo de que llegue a tus manos.

Te escribo tumbada en mi cama, con el pelo suelto,
como te gustaba verme.
Escuchando una lista de canciones en reproducción aleatoria,
con el volumen alto para amansar las emociones.
Esas fieras traicioneras y escurridizas que te la juegan
cuando menos te lo esperas.

Te escribo desde la tristeza y la desesperanza
porque ya no sé  quien soy.
Porque me siento como un juguete roto,
una muñeca con una mueca siniestra y torcida,
hecha añicos, sin arreglo.

Te escribo para decirte que aun así me levanto
y sigo la lucha. Sigue la vida. 

...
Suena Nuvole Bianche ... me encanta esta canción
... creo que consigue transportarme.

Te escribo para contarte que mi vida ahora es un poco caótica,
que no me siento dueña de ella.
Que no llevo las riendas.
Pero sé que las recuperaré,
sé que al final Todo pasa, Todo llega.

Hace tiempo que no te escribía porque no tenía nada que contarte,
me abandonaron las palabras y el lápiz se me caía de las manos.

No espero que lo entiendas.
Sólo que empatices y comprendas
que mis musas se fueron al bar y yo con ellas.
Que llevamos un tiempo ahogadas en cerveza y que
hasta ahora hemos estado bien.

Hasta ahora.
Que tengo resaca emocional.
Que el alcohol no cura ni ahoga nada
sólo saca a flote lo que quieres que se hunda.

Espero tu comprensión.
Espero tu paciencia con esta escritora del tres al cuarto.
Espero que pese a todo sepas que me siento en deuda contigo,
por tu fidelidad. 
Que no quise ni quiero que te sientas abandonado. 

Me despido con la promesa de seguir luchando y mejorando,
seguiré escribiendo.



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