Hace tiempo
salió la noticia de una reciente publicación firmada por Antonio Torres. Se
trata de un libro titulado “Mujeres de palabra”. Su tono ensayístico
nos retrata la labor de medio centenar de mujeres periodistas. Curioso que sea
un varón quien hable de estas mujeres. Curioso y tal vez necesario. Porque
quizá sólo se valore la profesionalidad de las mujeres si es reconocida y
analizada por un hombre. Injusto pero necesario.
No obstante, las mujeres son
lo suficientemente listas como para percatarse de su propia valía. Torres, que
es doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, ha
querido rendir su tributo a mujeres que fueron auténticas pioneras en este
país, como Carmen de Burgos. Cuando vemos a algunas mujeres o chicas que
presentan informativos o hablan en radio no pensamos en lo que hubo detrás de
ellas para que llegaran ahí. Es paradójico, porque, actualmente la mayoría de
las mujeres periodistas aparecen en la cara más visual de los medios, mientras
que Carmen tuvo que firmar con pseudónimos.
Fue difamada por críticos y
escritores, quienes negaban su talento y la relegaban a simple amante de Ramón
Gómez de la Serna. Y no es casualidad que fuera de las primeras feministas
españolas. Lo que tienen las mujeres es que suelen creer más firmemente en un mundo
mejor, como dice Torres: aportan sensibilidad al periodismo, aguantan más el
dolor. Como aguantan por naturaleza el alumbramiento, tienen capacidad para
aguantar otros dolores que la cultura y la historia les han adjudicado. Fue
Kapuscinski quien afirmó haber visto mujeres orinar de pie y hombres hacerlo
sentados en uno de sus muchos viajes por el extranjero.
Vemos que incluso hay
veces que la mujer puede por naturaleza
hacer cosas que son propias del hombre. ¿Por qué no va a poder tener los
mismos derechos a hacer y pensar libremente? Si el intelecto y sensibilidad son
propias a hombres y mujeres, deberíamos hablar de personas, como hemos venido
resaltando anteriormente. Fue este periodista polaco quién meditó sobre el
trato de su profesión a las personas, habló de los 5 sentidos del periodista y
resaltó la bondad necesaria para ejercer la profesión.
Vuelve a resultar
irónico que aun siendo éstas las bases supuestas del periodismo, hayan sido las
mujeres periodistas tan ninguneadas, abusadas e infravaloradas durante tanto
tiempo. Cuando precisamente llevan siendo mayoría en este campo. No basta un
número de mujeres, ni siquiera basta con unos méritos más que sabidos. Lo que
se precisa es un replanteamiento de la igualdad, hablar de personas
definitivamente. Pero las mujeres, por ser mujeres y más aún, periodistas,
tampoco exigirán un mea culpa masculino. Es de su naturaleza aguantar mejor el
dolor. Antes, ahora y siempre.
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