Guerrillera siempre en guardia, con cicatrices
y cosida a balazos.
Con la muerte en los ojos
y la vida en el cuerpo.
Curvilíneo como la carretera.
Y te gustó o te enamoraste.
Decidiste conquistar esta tierra baldía
y hacer brotar vida de estos ojos,
y de mi cuerpo hacer tu paraíso.
Rompiste mi trinchera,
besaste cada balazo
y bajé la guardia.
Nos bebimos el mundo a morro
y te comí a besos.
Si me perdía en tus ojos, me encontraba en tus caderas.
Me cure de la guerra, del frío, del invierno,
de la soledad de la trinchera.
Y me entregué al verano
de tus brazos, de nuestra cama y a vivir despeinada.
Me deshice del fusil y colgué las botas.

muy bien
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