Me mira apartándome un mechón
de la cara.
Y el tiempo empieza a ralentizarse.
De repente no escucho nada, no dices nada.
Solo me mira y me aparta el pelo de la cara.
Y suspiras...
***
La miro, y que guapa está así... sin peinar.
Le aparto un mechón de la cara.
Esta preciosa. Le ha dado el sol y tiene un color dorado en las mejillas.
Sonríe, y el tiempo se para.
Me besa, y caen mis armas.
Me abraza, y me siento en casa.
Me mira desconcertada, y yo no puedo dejar de mirarla.
No quiero perderme nada.
No sé qué había antes de ella.
La beso y me sorprendo del cuidado
que pongo al cogerla de la cintura,
como si se fuera a romper,
como si fuera un sueño del que despertaré solo.
La retengo en mis brazos y empieza a reir:
- ¡Suéltame, pesado!-
Y yo la miro embobado.
Creo que nunca podré explicarla la fortuna que es
tenerla a mi lado.
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