Hazme un hueco aquí,
a tu lado. Y cuéntame.
Cuéntame lo solo que te has sentido.
Lo mal querido,
lo mal tratado.
Lo desgraciado y humillado
que te ha hecho sentir.
Lo que has llorado.
Cuéntamelo con una copa de vino
en la mano,
que el alcohol suelta la lengua
y aligera la carga.
Comparte la agonía de esa rutina
que te axfisia.
Una vida que te tiene atado de pies y manos.
Y lloremos. Lloremos por todo eso.
Y después cuéntame tus sueños,
hasta los más ocultos.
Tus fantasias, tus metas...
Cuéntame cómo es la vida de que deseas.
Y brindemos por ello.
Que el tintineo de nuestas copas
consiga poner en marcha la maquinaria.
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